Modelos que inspiran!

Los discípulos vieron a Jesús en diferentes circunstancias. Lo
vieron reír, llorar, cansarse, sufrir y, a la vez, caminaron y comieron
junto a Él. Lo vieron hacer milagros extraordinarios y también
apartarse para orar. A través de cada una de estas vivencias ellos
fueron formados y preparados para lo que vendría. Por su parte
Jesús invirtió tiempo, les dio instrucciones precisas y se relacionó
con ellos de una manera cercana y hasta paternal. Cuando se fue
confió en ellos aunque, aparentemente, no estaban preparados
para asumir tamaña responsabilidad de extender el mensaje del
evangelio por las naciones.

El respaldo que la vida de Jesús dio a su enseñanza produjo
un impacto profundo en sus discípulos. Más que cualquier otro
elemento, fue su propio carácter y estilo de vida lo que ejerció
la más grande influencia sobre sus discípulos. Jesús no solo les
enseñó a orar sino que oró con ellos. No solo les enseñó a perdonar
sino que lo vieron perdonar cuando desde la cruz exclamó:
«Perdónalos, Señor, no saben lo que hacen».

El enfoque formativo no estaba solamente basado en la enseñanza
sino en vivir y representar esas enseñanzas con su ejemplo.
La herramienta más poderosa que tenemos para influenciar a
los más jóvenes es nuestro ejemplo.

Cuando modelamos actitudes vulnerables, vidas cristianas prácticas y coherentes entre lo que decimos y hacemos, esto despierta en ellos el deseo de imitarnos y, por lo tanto, nos hace ganar acceso a sus corazones para poder hablarles. Ese derecho a hablarles e instruirlos no es algo que se
impone, es algo que debemos ganarnos. El proceso para llegar a obtenerlo es algo costoso y está bien que así lo sea. Si realmente queremos ser líderes en esta generación, esa posición de autoridad debe ser ganada a través de nuestro servicio desinteresado hacia ellos y un estilo de vida que avale nuestras convicciones y creencias.

Los jóvenes son muy sensibles a nuestras acciones, actitudes, valores y creencias. Por lo tanto, una inconsistencia nuestra entre lo que hacemos y lo que demandamos de ellos nos hace perder credibilidad y, como consecuencia, el derecho a instruirlos. Esta generación tiene un radar espiritual altamente sensible para detectar fácil y rápidamente la hipocresía. Y nada erosiona más la fe y la confianza en Dios de los adolescentes que cuando nos ven a los adultos diciendo algo y haciendo lo contrario.
Modelemos una vida de acuerdo a la edad que tenemos. Solemos pensar que para ganarnos su confianza tenemos que parecernos a ellos. Cuando los adultos adoptamos comportamientos, vestimentas y características adolescentes los dejamos a ellos sin referentes a quienes imitar.

Seamos el ejemplo que ellos necesitan para poder llegar a la madurez!

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Posted on August 21, 2017 in Escritos, Ideas, Iglesia Local, Jóvenes, Libros, Padres

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